Ortodoncia en niños: te explicamos las claves

Simón Blas Odontopediatría, Ortodoncia

Cuando los/as niños/as han desarrollado casi toda su dentadura es el momento idóneo de prestar atención al aspecto de los dientes, la mordida, la estructura de la mandíbula, etc. Una revisión a tiempo de manos de los profesionales especializados en ortodoncia nos puede ahorrar salud, tiempo y dinero. Una actuación a tiempo puede evitar costosos tratamientos en el futuro, incluso la necesidad de cirugía maxilar.
Es el momento de actuar.

¿A qué edad conviene hacer la primera revisión de ortodoncia?

La mejor edad para realizar la primera revisión de ortodoncia es a los 7-8 años. En este momento, ya habrán erupcionado los incisivos superiores e inferiores definitivos y ya se puede apreciar la estructura que va tomando la mandíbula, cómo es la oclusión, etc.

Si el crecimiento de las piezas dentales definitivas es correcto, se seguirán realizando revisiones cada 6 o 12 meses, siempre siguiendo la recomendación del ortodoncista, para asegurar que el desarrollo sea el correcto.
En caso de que el profesional detectara alguna anomalía, disfunción o alteración sobre la mordida, el crecimiento óseo o la posición de los dientes, no hay que alarmarse. Como hemos dicho, estamos en el mejor momento para la detección temprana y tratamiento. En estos casos, una ortodoncia sencilla y durante un relativo corto espacio de tiempo podría dar solución al problema.

A estas edades, la ventaja es que los huesos todavía son moldeables y se puede provocar el movimiento de los dientes y la corrección de su posición con facilidad.

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Cómo detectar si tu hijo/a podría necesitar un tratamiento de ortodoncia

A veces la disfunción en la posición de los dientes, el arco de la mandíbula o la oclusión no están correctos y el problema salta a la vista de forma muy evidente, resultando incluso perceptible estéticamente. En estos casos lo recomendable es no perder más tiempo y poner el caso lo antes posible en nuestras manos, para que busquemos la solución lo antes posible.

Otras veces es menos llamativo, pero conviene estar atentos a cualquiera de estas disfunciones:

  • Dientes mal colocados, apiñados o montados.
  • Dientes de tamaño desproporcionado con el resto de la estructura ósea.
  • Mandíbulas de tamaño desproporcionado.
  • Morderse las mejillas o el paladar.
  • Pérdida prematura de los dientes de leche.
  • Pérdida tardía de los dientes de leche.

Y es necesario también mostrar especial atención cuando se hayan dado estos dos casos en los primeros meses y años de vida: cuando el uso del chupete o biberón se hayan prolongado en el tiempo en exceso y cuando el niño o la niña se siguen chupando o succionando el pulgar.

Repetimos que estas anomalías pueden ser las que en principio más llamen la atención. Pero que no se den no significa al cien por cien que el niño o la niña no necesite un tratamiento de ortodoncia. De ahí, de nuevo la importancia de esta primera revisión.

¿Qué tipo de aparatos de ortodoncia se colocan a los niños?

El tipo de tratamiento de ortodoncia que necesitará el niño o la niña variará mucho dependiendo de la edad y la alteración sobre la que haya que actuar. Por lo general, y en los casos de detección y tratamiento precoz, suelen durar entre 12 y 18 meses. A éstos se les suele llamar tratamientos de ortodoncia de primera fase. Tras éstos, se seguirán haciendo las revisiones para controlar el crecimiento óseo y cómo se va completando el recambio de toda la dentición, que se alarga hasta los 12 años.

Si en estas revisiones el ortodoncista considerara que fuera necesario actuar de nuevo y seguir corrigiendo, se efectuaría un tratamiento de ortodoncia de segunda fase.

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Los tipos de aparatos que se suelen poner en los tratamientos de ortodoncia para niños suelen ser de dos:

  • Aparatos fijos: son los que se colocan pegados a los dientes. De estos, los más conocidos son los brackets, pero hay más tipos. La labor de este tipo de aparatos es la redirección del crecimiento óseo.
  • Aparatos removibles: se trata de aparatos de quita y pon, que se sujetan a los molares. Éstos, pese a su comodidad en cuanto a los hábitos de uso, exigen también mayor atención puesto que, al ser removibles, corremos el riesgo de que el niño o la niña no sea contante en su uso. Y, obviamente, su resultado se relaciona con el tiempo que se lleve puesto. Necesitan un mínimo de horas de colocación al día: normalmente toda la noche y entre 4-6 horas durante el día.

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